por qué suben, qué va a pasar y cómo afecta a tu consola retro
Estamos en octubre de 2026 y si en los últimos meses has ido a comprar una tarjeta microSD para tu consola portátil y te has llevado un susto al ver el precio, no es cosa tuya. Las tarjetas de memoria, el almacenamiento flash en general, están viviendo una de las subidas más fuertes de la última década. Lo que antes era un accesorio barato que se compraba casi sin mirar se ha convertido en un gasto a tener en cuenta, y en la comunidad de consolas retro la frustración es evidente: basta ver hilos como «microSD price inflations really suck and still…» en Reddit.
En este artículo respondemos a las cuatro preguntas que más se repiten: por qué han subido, qué va a pasar con el precio, cómo afecta a las consolas retro y qué peligros de fraude y baja calidad hay que vigilar. Al final te explico la conclusión a la que he llegado después de este anánilis y que hacer en esta situación de subida constante.
¿Por qué han subido tanto las tarjetas microSD?

Los números
No es una percepción exagerada de unos pocos usuarios. Los datos del mercado confirman una subida generalizada:
- Los precios de tarjetas de memoria y unidades flash han llegado a subir de media un 123-124 %, con picos de hasta un 261 % en ciertos modelos y capacidades.
- Una tarjeta de referencia como la SanDisk Extreme Pro de 128 GB, que rondaba los 30 dólares, ha llegado a superar los 50 dólares.
- Los precios de contrato del NAND —los chips de memoria flash que llevan dentro las microSD, los pendrives y los SSD— subieron entre un 55 % y un 60 % trimestral a comienzos de 2026, y solo en febrero de 2026 el coste de las obleas de NAND se disparó un 25 % adicional.
- Según datos publicados en julio de 2026, los precios de contrato de NAND volvieron a subir entre un 70 % y un 75 %.
La causa: la memoria se la está comiendo la IA
La subida no se debe a un problema puntual de logística ni a una falta de materias primas, sino a un cambio estructural en quién compra memoria y para qué:
- Los centros de datos de IA consumen memoria a un ritmo sin precedentes. Google, Meta, Nvidia, OpenAI y compañía están construyendo infraestructura de inteligencia artificial a una escala enorme, y esa infraestructura necesita cantidades gigantescas de NAND flash y DRAM.
- Los fabricantes han redirigido su producción. Samsung, SK Hynix, Micron y el resto han priorizado la memoria de alto margen, como la HBM (High Bandwidth Memory) que usan los aceleradores de IA. Cada oblea de silicio que se destina a HBM es una oblea que deja de convertirse en chips para tarjetas de consumo.
- La oferta no crece al ritmo de la demanda. Se estima que en 2026 la demanda de NAND crecerá entre un 20 % y un 22 %, mientras que la oferta solo lo hará entre un 15 % y un 17 %. Parece una brecha pequeña, pero basta para tensionar todo el mercado, porque la capacidad de fabricación no se amplía de un día para otro: levantar y poner en marcha una nueva fábrica lleva años.
En resumen: quien compra una microSD para su consola compite ahora por la misma capacidad de fabricación que los mayores centros de datos del mundo. Y en esa competición, el consumidor sale perdiendo.
¿Qué va a pasar con el precio a corto y medio plazo?
Corto plazo
En lo que queda de 2026 y principios de 2027, las previsiones del sector no son optimistas. Mientras la demanda de infraestructura de IA no se desacelere, lo más probable es que los precios se mantengan altos o sigan subiendo en determinados trimestres. Las subidas de los precios de contrato de NAND tardan un tiempo en trasladarse a la tienda, así que parte de lo que ya ha subido en origen todavía puede notarse en el precio final durante los próximos meses.
Medio plazo
A mediados o finales de 2027, la mayoría de análisis sitúan el posible alivio en mediados o finales de 2027, cuando se espera que entre en funcionamiento nueva capacidad de fabricación. Incluso entonces, conviene no esperar un regreso inmediato a los precios de 2024: la bajada dependerá de que esas nuevas fábricas lleguen a tiempo y de que la demanda de IA se estabilice.
Qué hacer con esta situación
- Si necesitas una tarjeta ahora, no esperes a que baje. Según las previsiones actuales, esperar puede significar pagar más, no menos.
- Compara el precio por gigabyte, no solo el precio total. Con el mercado tan volátil, la capacidad que antes era la más rentable puede haber dejado de serlo.
- Compra lo que realmente necesitas. Pagar de más por capacidad que no vas a usar sale especialmente caro en este momento.
¿Cómo afecta a las consolas retro?

Las consolas portátiles retro —la R36S, las Anbernic, las Miyoo, las Powkiddy y similares— dependen por completo de las tarjetas microSD: ahí va el sistema operativo, los emuladores, las partidas guardadas y los juegos. Y muchas de ellas, como la R36S, tienen dos ranuras microSD: una para el sistema (por ejemplo, ArkOS) y otra para los juegos. Eso significa que la subida de precio puede afectarte por partida doble.
Las tarjetas de serie no son de fiar
Uno de los problemas más conocidos de las consolas retro económicas es la calidad de la tarjeta que viene incluida. Suele ser una microSD genérica de baja calidad que puede corromperse o fallar al poco tiempo, llevándose por delante el sistema y las partidas guardadas. Por eso, la recomendación habitual en comunidades como r/R36S (ejemplo de hilo) es sustituirla por una tarjeta de marca en cuanto se compra la consola. Con los precios actuales, ese cambio —que antes costaba muy poco— se ha convertido en un gasto adicional relevante sobre el precio de la consola.
La buena noticia: el retro no necesita tarjetas enormes ni ultrarrápidas
Aquí es donde el jugador retro tiene ventaja frente a quien compra para una Steam Deck, un móvil o una cámara:
- Capacidad: los juegos de 8 y 16 bits ocupan muy poco. Para la mayoría de colecciones de consolas clásicas (NES, SNES, Mega Drive, Game Boy, GBA…) y buena parte de PlayStation 1, una tarjeta de 64 o 128 GB suele ser más que suficiente. Solo si quieres cargar mucho de PSP, Dreamcast o sistemas posteriores tiene sentido subir a 256 GB o más.
- Tarjeta del sistema: para la ranura del sistema operativo basta con una tarjeta pequeña (16-32 GB) pero de marca fiable. Aquí importa más la fiabilidad que la capacidad.
- Velocidad: una tarjeta de marca con clase U1/A1 es suficiente para emulación retro. No hace falta pagar el sobreprecio de las gamas «Extreme» o «Pro» con clases V30/A2, pensadas para vídeo 4K o para apps en móviles.
Consejos prácticos para jugadores retro
- Haz copia de seguridad de tus tarjetas. Guarda una imagen de la tarjeta del sistema y una copia de tus partidas guardadas. Reponer una tarjeta hoy es más caro que hace un año, y reconfigurarlo todo desde cero es tiempo perdido.
- Aprovecha las tarjetas que ya tienes. Una microSD de marca de un móvil antiguo o de otro dispositivo puede tener una segunda vida perfecta en una consola retro.
- Si compras una consola nueva, ten en cuenta el coste de sustituir la tarjeta (o las dos) al calcular el presupuesto total.
Peligros de fraude y baja calidad

Un mercado con subidas de precio tan fuertes es terreno abonado para el fraude. Cuanto más cara está una tarjeta legítima, más tentadora resulta una «oferta» imposible, y más dinero se puede ganar vendiendo imitaciones.
Los tipos de fraude más habituales
- Tarjetas con capacidad falsa. Es el fraude más común y el más peligroso. La tarjeta se anuncia (y aparece en el ordenador) como de 512 GB o 1 TB, pero en realidad tiene un chip de 8, 16 o 32 GB con el controlador manipulado. Funciona aparentemente bien hasta que llenas su capacidad real; a partir de ahí, los datos nuevos sobrescriben a los antiguos o se corrompen sin avisar. En una consola retro, eso significa ROMs que no arrancan y partidas guardadas perdidas.
- Falsificaciones de marcas conocidas. Tarjetas con el diseño de SanDisk, Samsung, Kingston o Lexar que no tienen nada que ver con el fabricante original: embalaje casi idéntico, pero chips de desecho en el interior.
- Clase de velocidad falsa. Tarjetas que lucen logotipos de U3, V30 o A2 pero cuyo rendimiento real está muy por debajo de lo anunciado.
- Memoria de baja calidad reetiquetada. Chips descartados en control de calidad o de gama muy baja, vendidos como producto nuevo. Pueden funcionar al principio, pero fallan antes y de forma imprevisible.
Señales de alarma
- Precios muy por debajo del mercado, sobre todo en capacidades grandes. Si una tarjeta de 1 TB cuesta lo mismo que una de 64 GB legítima, es falsa.
- Vendedores sin historial o con valoraciones sospechosas en marketplaces de terceros.
- Marcas desconocidas que anuncian capacidades enormes a precios de saldo.
- Embalajes con errores de impresión, tipografías extrañas o sin códigos de verificación.
Cómo protegerte
- Compra en tiendas o distribuidores oficiales, o en el marketplace directamente al vendedor oficial de la marca, no a terceros.
- Verifica cada tarjeta nada más recibirla, antes de meter nada importante en ella:
- En Windows: H2testw o ValiDrive.
- En Linux y macOS: F3 (
f3writeyf3read), que escribe y lee la tarjeta entera para comprobar su capacidad real.
Estas herramientas escriben datos en toda la superficie de la tarjeta y comprueban que se leen correctamente; si la capacidad es falsa, lo detectan. El proceso puede tardar un rato, pero merece la pena. – Comprueba la velocidad real con una herramienta de benchmark y compárala con lo que promete el embalaje. – Si la tarjeta falla la verificación, reclama y devuélvela dentro del plazo. No la uses «para cosas sin importancia»: acabará corrompiendo lo que guardes en ella.
Conclusión
La subida del precio de las microSD no es una anomalía pasajera, sino el síntoma de un reajuste profundo en la industria del almacenamiento: la memoria flash que antes se destinaba al consumidor compite ahora con la demanda insaciable de los centros de datos de inteligencia artificial. Hasta que entre en funcionamiento nueva capacidad de fabricación —previsiblemente a mediados o finales de 2027—, lo razonable es asumir que las tarjetas seguirán siendo caras.
Para el jugador retro, la estrategia es clara: comprar solo la capacidad que necesita, apostar por marcas fiables en lugar de por gamas premium, verificar cada tarjeta nada más recibirla y cuidar con copias de seguridad las que ya tiene. Con eso se puede seguir disfrutando de la consola sin pagar de más ni caer en una estafa.



